LA ACCIÓN DE LA UNIVERSIDAD EN LOS PROGRAMAS DE DESARROLLO RURAL
Dr. Vicente Manuel Zapata Hernández
Profesor Asociado de Geografía Humana y Director de Secretariado
de Extensión Universitaria de la Universidad de La Laguna
http://www.vzapata.com
El distanciamiento de la Universidad con respecto a su entorno territorial es un hecho que hunde sus raíces en el pasado y ha sido constatado —algunas veces en clave de denuncia— por múltiples autores; especialmente grave ha sido esa falta de comunicación con el mundo rural durante mucho tiempo, y así es reconocido, y a menudo reprochado, por la sociedad que habita en dicho espacio. La escasa atención que se ha prestado a la intensa y diversa problemática que ha afectado al medio rural en las últimas décadas contrasta, sin embargo, con el creciente interés que entre los universitarios despiertan los asuntos que se vinculan con las poblaciones allí asentadas en el cambio de milenio; algunos de sus problemas tradicionales están siendo percibidos como oportunidades en el contexto actual. En este sentido, la Universidad posee cada vez más recursos e instrumentos para la activación del desarrollo rural en materia de formación e investigación aplicada, así como para la intermediación cualificada entre los actores que interactúan en ese ámbito, a saber: agentes sociales y económicos, grupos de acción local, administraciones públicas, etc.
En efecto, la dinámica actual ha propiciado que la Universidad profundice en algunas de sus funciones tradicionales o establezca nuevos objetivos, respondiendo a las demandas de la sociedad para superar los obstáculos existentes, por lo que crecen las aplicaciones prácticas al servicio del desarrollo territorial en el medio rural. En ese contexto se sitúa el objetivo general de este trabajo: reflexionar acerca de la trascendencia que supone la implicación de la Universidad en la dinamización del mundo rural, destacando su participación en la implementación de políticas de planificación y de desarrollo de los espacios rurales.
La Universidad de La Laguna (ULL) ha orientado, en la última década, parte de su energía a la formulación teórica y a la implementación del desarrollo territorial, sobre todo en determinadas áreas rurales del Archipiélago Canario, aunque también se constatan intervenciones en ámbitos urbanos, como la llevada a cabo en el Área Metropolitana de Tenerife durante la segunda mitad de los años noventa. Existen experiencias realmente modélicas, como la aplicada en la isla de La Palma, donde se ha mantenido una relación permanente y dinámica con el grupo de acción local que se constituyó a partir de su mediación inicial, fomentando ambas partes la búsqueda constante de nuevas y modernas vías de colaboración. Ahí se centra el objetivo específico del análisis: realizar un adecuado balance y esbozar las perspectivas de la actuación de la ULL en dicho espacio insular, enfatizando aquellas iniciativas con mayor repercusión en la promoción del desarrollo local. Y es que, la experiencia palmera constituye un modelo perfectamente aplicable, con las adaptaciones oportunas, en zonas rurales con similares características.
Asimismo se estudia la acción independiente o combinada de diferentes estructuras de la esfera académica en los programas de desarrollo rural: la investigación, la reflexión y el debate, así como la animación sociocomunitaria, impulsada desde los departamentos universitarios, entre los que destaca el de Geografía, debido a que esta disciplina ofrece su comprensión del territorio como construcción social y sus herramientas de intervención; la extensión universitaria, promovida sobre todo a través del Vicerrectorado competente en esa materia, puesto que algunas de sus actuaciones tienen cierta incidencia en la capacitación del capital humano local de cara a la definición y puesta en marcha de estrategias de desarrollo territorial, y también a la valorización de los recursos endógenos y a la promoción socioeconómica.
La creciente involucración de la Universidad en el Desarrollo Territorial
Las universidades desempeñan un papel cada vez más activo en su contexto territorial, dejando de ser centros docentes en los que sólo se celebran debates académicos para convertirse en entidades proveedoras de conocimiento práctico. Esta apertura se ha materializado en el surgimiento de iniciativas de intercambio y relación con su marco geográfico de referencia, tanto en el área de la docencia como en el de la investigación. Al mismo tiempo, la Universidad ha adquirido un mayor protagonismo y presencia directa en su ámbito local de actuación, potenciando y enriqueciendo el diálogo con su entorno. Este nuevo posicionamiento está influyendo de manera positiva en la dinámica de desarrollo de muchos espacios y en el crecimiento de la propia institución.
En este sentido, el carácter avanzado de una universidad viene dado actualmente por la eficaz integración de los grandes ámbitos de trabajo que la sociedad siempre le ha asignado —la formación y la investigación— y la predisposición para transferir a su entorno las utilidades que almacena, dándoles un sentido eminentemente práctico: compromiso territorial. Por ello, en muchos lugares, los interlocutores locales han comenzado a dirigir sus miradas hacia la Universidad como fuente de motivación, crecimiento económico e innovación, esto es, como agente y factor de desarrollo.
Por otra parte, el avance de determinadas ciencias sociales, en pleno proceso de revisión de paradigmas y revalorización de conceptos como el de territorio, ha hecho surgir aplicaciones al servicio de las comunidades locales; la Universidad ya es capaz de analizar y comprender la complejidad de las fuerzas y la diversidad de los actores del desarrollo, de formular propuestas integradas y de efectuar evaluaciones de los programas implementados. La moderna orientación de las políticas de extensión universitaria también camina en la misma línea, ya que pretenden acercar a todos los ciudadanos las posibilidades que albergan los centros superiores de docencia e investigación, promoviendo sobre todo la proyección de aquellos contenidos universitarios —y de algunos de sus principales valores— que puedan influir de manera positiva en el bienestar de la población.
En ese contexto, y desde hace algunos años, la ULL se ha implicado en el debate académico y en la promoción del desarrollo territorial, en su intento de ir abriéndose progresivamente a las nuevas demandas de la sociedad canaria, ejerciendo un papel cada vez más activo en la prestación de servicios a la colectividad en general y a las entidades públicas y privadas en particular. Así, se han asentado líneas de investigación en algunos de sus departamentos, de carácter básicamente operativo y aplicado, que han dado una utilidad inmediata al conocimiento albergado en las disciplinas con proyección espacial. También se ha avanzado en el intento de formular una teoría y un método para la intervención territorial en ámbitos locales, sobre todo de carácter rural, a partir del compromiso personal y profesional de muchos profesores e investigadores.
De igual modo, la extensión universitaria lagunera ha orientado su actuación hacia el marco local, canalizando la experiencia de docentes e investigadores hacia el diseño y puesta en marcha de acciones cuyo objetivo es participar activamente en el proceso de desarrollo económico y social de diversos ámbitos geográficos: propiciando el debate acerca de las estrategias de desarrollo más adecuadas; incidiendo de manera positiva en la formación del capital humano local; asesorando y estimulando la valorización de productos y servicios altamente innovadores a partir de la detección y promoción de los recursos endógenos; alentando con su presencia y actividad el trabajo de los actores locales, etc.
La Universidad se ha convertido en un referente válido en el marco local, al mismo tiempo que un elemento aglutinador y factor de convergencia de todos los implicados en la dinámica de desarrollo endógeno. Los aspectos en que ha repercutido su acción son diversos: cohesión y equilibrio territorial; participación ciudadana y diálogo social; aprovechamiento de capacidades y recursos; canalización de la energía de múltiples promotores —diversofinanciación— públicos y privados; conservación y fomento de la identidad local, entre otros. El trabajo académico continuado y bien hecho, adaptado a las nuevas necesidades en cada momento, ha acabado incidiendo positivamente en la aplicación de diferentes programas de desarrollo en ciertas zonas de la región.
Desde la óptica universitaria, esa dinámica positiva se ha proyectado en el momento de la redefinición de los planes de estudio de diversas titulaciones, en los que se han ido incorporando materias relacionadas con los problemas —y también con las posibilidades— del desarrollo en la escala local; asimismo se han impulsado Máster y cursos de especialización y doctorado sobre los mismos temas. En definitiva, la Universidad se ha convertido en un trascendente recurso y agente de desarrollo en su contexto territorial, respondiendo de este modo a una sociedad que demanda un mayor compromiso de la institución y una atención especializada y de calidad.
Una de las intervenciones más relevantes en el ámbito de la dinamización socioeconómica a escala local se viene desarrollando en La Palma desde los primeros años noventa, fruto de la vinculación efectiva de la ULL y la Asociación para el Desarrollo Rural de la isla de La Palma (ADER), grupo de acción local que ha asumido, entre otras actividades de diverso signo y entidad, la aplicación y gestión de las diferentes convocatorias de la Iniciativa Comunitaria de Desarrollo Rural LEADER. La singularidad de esta relación —quizá también su aspecto más relevante— radica en que la Universidad ha sido uno de los agentes fundamentales en la generación del proceso de animación sociocomunitaria previo al impulso del programa de desarrollo rural insular, aplicado con resultados altamente satisfactorios desde 1992. Con posterioridad a esa fecha, ha mantenido su apoyo a la dinámica que contribuyó a propiciar, adaptando sus iniciativas a las nuevas necesidades y aspiraciones de la sociedad palmera, aunque desde la distancia prudente y la confianza plena en la actuación de los actores locales. A continuación se expondrá y valorará dicho proceso.
La acción de la ULL en La Palma y su relación con ADER
La acción de la ULL en el desarrollo rural de La Palma durante la década de los noventa constituye, a nuestro juicio, un excelente ejemplo de las posibilidades que tienen las universidades de implicarse en la dinámica de su ámbito geográfico de influencia, sobre todo en aquellos espacios que presentan una problemática más compleja.
La Palma es una isla de 708,32 kilómetros cuadrados de superficie y 81.507 habitantes (1996) repartidos en 14 municipios, que presenta multitud de rasgos distintivos y peculiaridades en el contexto canario. Éstos pueden considerarse, al mismo tiempo, obstáculos y posibilidades al desarrollo: por una parte, la intensidad del fenómeno emigratorio con sus importantes repercusiones en los planos geodemográfico y socioeconómico, y la especialización agrícola reciente en el cultivo de la platanera y el consiguiente retroceso de la agricultura de medianías; por otra parte, la escasa incidencia de la actividad turística hasta hace poco tiempo, la moderada presión de la población sobre los recursos y la orientación primaria de su sistema productivo, circunstancias que han facilitado la conservación del medio natural, del paisaje y la identidad rural, así como de su valioso y rico patrimonio cultural, aunque sin un proyecto de desarrollo coherente e integrado que active su contribución a la economía insular. A partir de los primeros años de la década de los noventa, ese comenzó a ser uno de los objetivos esenciales de la colaboración que se establece entre la Universidad y determinadas entidades públicas y privadas palmeras.
Varios son los agentes implicados en ese proceso desde la vertiente académica, destacando distintos departamentos universitarios como el de Geografía, y en menor medida, los de Economía Aplicada y Biología Vegetal, así como la Fundación Empresa-Universidad y el Vicerrectorado de Extensión Universitaria. Mención especial merece este último, ya que, al margen de su actividad convencional, en la que sobresale la programación de cursos de diverso contenido y entidad, también ha participado de forma activa en la dinámica de desarrollo aportando algunos productos realmente innovadores, más tarde aplicados en otros ámbitos geográficos de la región, que responden a una temática centrada en las posibilidades del turismo y del patrimonio cultural e histórico-artístico y en el protagonismo de las pequeñas y medianas empresas y de diferentes renglones productivos en la economía insular, entre otros.
Una implicación por fases y caracterizado por la diversidad de acciones
El catálogo de actuaciones promovidas conjuntamente por Universidad, Cabildo Insular y ADER en los últimos diez años es importante en cantidad y calidad; destaca tanto por su diversidad como por la originalidad y el carácter innovador de algunas colaboraciones, sobre todo desde la perspectiva actual. Es posible distinguir tres fases claramente diferenciadas en dicho proceso, siendo la primera la más relevante por la implicación de la ULL en la formación del grupo de acción local y en la definición del programa de desarrollo rural.
En efecto, la primera etapa supone la participación activa de la Universidad en el diseño y activación de la estrategia de desarrollo rural (1990-1991), a partir de los resultados del trabajo de la Operación de Detección y Asesoramiento de Creación de Empresas de Desarrollo Endógeno Local (ENDOPLAN), asistencia técnica regulada por un convenio de colaboración entre la ULL y el Cabildo Insular, coordinada por profesores e investigadores del Departamento de Geografía. Dicha iniciativa combina investigación aplicada y animación socioeconómica, involucrándose también el equipo técnico en el proceso de constitución del grupo de acción insular (ADER) y en la tutela y apoyo de su andadura inicial, así como en la redacción del programa de desarrollo rural que se presentó a la convocatoria de la Iniciativa Comunitaria LEADER, basado en la complementariedad de dos actividades fundamentales: turismo rural y agricultura de calidad. Y es que, en ese momento, se pensó que una moderada oferta turística de carácter rural, diversificada y de calidad, gestionada y controlada localmente, tenía mucho que ver con el mantenimiento de un paisaje agrario funcional, y para ello, económicamente sostenible. La Palma reunía, en este sentido, todas las condiciones para consolidarse como un espacio de óptimo ambiente económico, en el que la intervención humana, lejos de suponer un factor de degradación, pudiera seguir incorporando, como en el pasado, valores patrimoniales al territorio. El resultado de esa actuación fue el diseño y la puesta en marcha de una estrategia moderna de crecimiento y cambio estructural, protagonizada y dirigida por los actores locales, capaz de dinamizar y utilizar productivamente el potencial endógeno.
La segunda etapa corresponde a la aplicación de las Iniciativas LEADER I (1992-1995) y LEADER II (1996-1999), en la que la Universidad realiza un seguimiento desde lejos del programa de desarrollo y mantiene diversas líneas de colaboración con ADER y el Cabildo Insular en las esferas cultural, formativa e investigadora. Durante la misma se produce la actuación autónoma y combinada de diferentes estructuras universitarias a petición del grupo de acción local, como ya se ha señalado, lo que supone la concreción de múltiples iniciativas: acciones formativas innovadoras y a la carta, con especial incidencia en la capacitación de profesionales del desarrollo y del personal vinculado a los nuevos productos temáticos; cursos universitarios de verano en los que se abordan temas de interés y actualidad; seminarios, mesas de trabajo, jornadas de reflexión y debate sobre la orientación de la estrategia de desarrollo insular; proyectos de investigación aplicada; asesoramiento técnico y estudios; prácticas laborales de posgraduados, etc. La Universidad consolida su presencia en la isla —La Palma concentra la mayor actividad de la ULL después de Tenerife— y se convierte en uno de los principales referentes para las instituciones y la sociedad palmera.
En la tercera etapa o actual, asistimos a la búsqueda de nuevas vías de colaboración después de que la Universidad ha fortalecido su presencia en la isla. Ambas partes manifiestan su deseo de impulsar acciones o programaciones estables, integradas a la vez en la dinámica universitaria y en la estrategia del grupo de acción local. Un ejemplo es la iniciativa denominada La Universidad en el Desarrollo Rural, uno de los programas formativos más importantes aplicados por la ULL en los últimos años fuera de su ámbito de influencia directa, tanto por la respuesta obtenida dentro y fuera de la institución, como por los recursos humanos y económicos canalizados para su realización. Los temas abordados, caracterizados por su actualidad, efecto demostración y proyección socioeconómica, responden a las demandas de ADER en relación con las cuestiones insuficientemente tratadas hasta ese momento y refuerzan aspectos relevantes de la estrategia de desarrollo rural: la gestión de los espacios protegidos en el desarrollo territorial; el patrimonio como recurso para una estrategia de promoción turística a escala local; la actividad cunícola, una alternativa para el desarrollo de zonas rurales; instrumentos para la gestión de la pequeña empresa familiar en el entorno local y rural; gestión de la ganadería tradicional en los espacios protegidos; elaboración de planes de viabilidad para proyectos empresariales de economía social; cultivo de próteas para flor cortada y follaje en las zonas de altitud media; participación social en la planificación local. Al mismo tiempo, y en los últimos meses, profesores universitarios participan de forma activa en las mesas de trabajo sectoriales que se han planteado con el objeto de definir las bases del nuevo programa de desarrollo rural insular ante la convocatoria del LEADER PLUS; al margen de sus conocimientos y experiencia, lo más relevante de su actuación es el papel de mediación que desempeñan con respecto a los agentes involucrados en dicho proceso.
Un balance positivo de diez años de colaboración que abre nuevas vías
En este punto, podemos plantear la siguiente cuestión: ¿qué ha supuesto la participación de la Universidad en el desarrollo rural de La Palma, apoyando la actuación del grupo de acción local? Su resolución debe afrontarse desde dos perspectivas, puesto que las repercusiones de esa relación también se han sentido en la institución académica. En todo caso, el balance ha sido eminentemente positivo para ambas partes, como se intenta argumentar a continuación.
Con respecto al grupo de acción local, la presencia casi permanente de la Universidad en La Palma supone una fuente de motivación y un enorme respaldo a su actuación, tanto interno, para los propios integrantes de la Asociación y su dinámica, como externo, en relación con la sociedad palmera y sus instituciones representativas; en términos generales, incide en el reconocimiento y la reafirmación de la labor de los actores locales en el desarrollo territorial. La trayectoria y proyección social de la ULL asimismo constituye un importante aval cuando se solicita la colaboración —participación en actividades u obtención de financiación complementaria, por ejemplo— a otras entidades, tanto públicas como privadas, puesto que “nadie quiere quedarse fuera de la fotografía cuando también posa la Universidad”; de igual modo, es una garantía de cara al referente europeo. La transferencia de tecnología es evidente, sobre todo en forma de herramientas y métodos de trabajo, así como la disposición de los recursos humanos de la ULL (plantilla de 1.737 profesores durante el curso académico 1998-1999) y su intermediación frente a otros centros académicos superiores. El ahorro económico en la realización de muchas actividades especializadas y estudios, que se han encauzado mediante convenios de colaboración para el fomento de la investigación o de prácticas profesionales de estudiantes y egresados universitarios. Es frecuente el asesoramiento informal puntual, casi siempre solicitado a miembros de la comunidad universitaria que mantienen estrechos vínculos con La Palma, por lo que su grado de implicación y compromiso es mayor.
En relación con la Universidad, es evidente el cumplimiento de varios de sus objetivos estatutarios. Y es que, según el texto normativo que los compila, aprobado recientemente, “la ULL está al servicio del desarrollo integral de los pueblos, de la paz y de la defensa del medio ambiente, y fundamentalmente de la sociedad canaria”; su acción debe inspirar el avance tecnológico orientado a mejorar las condiciones y calidad de vida de su entorno. La vinculación de profesores e investigadores —y de muchos estudiantes y egresados— con los temas de mayor actualidad de su espacio vital y con la resolución de múltiples problemas de carácter territorial, económico y social. La mejora de la calidad de la enseñanza y de la investigación, ya que la experiencia adquirida se traduce, en ocasiones, en la adaptación dinámica de sus estudios a la realidad y a las necesidades o requerimientos de la sociedad. La promoción y proyección profesional de alumnos y posgraduados universitarios, algunos de los cuales acaban integrándose en la estructura técnica responsable de la implementación de los programas de desarrollo rural. En ciertos casos, permite la obtención de recursos económicos suplementarios, tanto en el plano corporativo como individual. Y en definitiva, constituye una iniciativa positiva que contribuye a consolidar el prestigio de la propia institución, convirtiéndola en un referente aceptado por todos.
Presente y futuro del binomio Universidad-medio rural
Si el balance realizado de la interacción Universidad-medio rural en la última década es positivo, más halagüeñas son aún las perspectivas de esa integración, sobre todo como consecuencia de los cambios observados tanto en la institución académica como en las comunidades rurales. El futuro es alentador debido a la búsqueda de nuevas fórmulas de colaboración por ambas partes, dados los resultados obtenidos hasta el momento. Sin embargo, nos planteamos hacia dónde debemos orientar la acción de la Universidad en el mundo rural, desde una perspectiva general, con el objeto de alcanzar una mayor eficiencia y resultados satisfactorios de la canalización de su energía y aplicación de sus recursos.
En este sentido, parece que su acción debe ser coordinada y enfocarse con una perspectiva amplia e integrada, optimizando la experiencia acumulada. Es necesario implementar planes de actuación, valorando los recursos disponibles, tanto humanos como materiales, y definiendo competencias y responsabilidades. Uno de los mayores retos es la búsqueda de nuevas estructuras y fórmulas organizativas que faciliten la participación dinámica de la Universidad en los procesos de desarrollo territorial, asumiendo labores de planificación estratégica, evaluación de planes, programas y proyectos, motivación, dinamización y mediación, e incluso, promoción y gestión de determinadas iniciativas locales. También hay que saber canalizar hacia la institución la influencia positiva de esa relación, y que ésta redunde en una mayor permeabilidad de la cultura universitaria a las demandas y necesidades de su entorno.
Parece evidente que la Universidad puede seguir contribuyendo de múltiples formas al desarrollo territorial, sobre todo en su dimensión rural: habilitando y consolidando espacios de encuentro, reflexión y debate; diseñando y desarrollando productos temáticos; fomentando la investigación aplicada; incentivando la formación a la carta, concebida en programas con continuidad y teniendo en cuenta las singularidades del medio y de la población receptora; adaptando los planes de estudio y orientando las titulaciones propias; realizando actuaciones de intermediación cualificada; promoviendo la definición y gestión de proyectos; enfatizando la capacitación profesional del alumnado y la inserción laboral de los egresados universitarios, etc.
Más específicamente, nos planteamos qué podemos mejorar desde la perspectiva institucional y académica para fortalecer la acción de la ULL en el desarrollo territorial, y en especial, en el progreso de las comunidades rurales del Archipiélago. Varias son las actuaciones posibles en estos momentos a nuestro juicio:
En definitiva, la Universidad debe mantener, e incrementar si cabe, el compromiso con los habitantes del medio rural, poniendo todos los medios a su alcance para evitar o mitigar la incertidumbre existente en ese dominio ante las transformaciones que se están produciendo en el cambio de milenio. No debe olvidarse que las iniciativas de investigación y formación propiamente universitarias, con una amplia perspectiva, que implique la difusión de la innovación y el aumento de la capacidad emprendedora, desempeñan un papel fundamental en el fomento del desarrollo endógeno, y por lo tanto, constituyen ejes estratégicos en los programas que se implementen para conseguir una mejora de las condiciones de vida de las personas que habitan en las zonas rurales.
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